Marie Curie(Parte II). Dos Nobel y una lección de perseverancia
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En abril de 1906, la tragedia golpeó a Marie de forma inesperada: Pierre Curie murió atropellado por un carruaje en París. Para ella aquel suceso fue devastador. Perdía no solo a su esposo, sino también a su compañero de investigación, el hombre con el que compartía sueños y descubrimientos. Sin embargo, lejos de rendirse, tomó la determinación de continuar con su labor. Fue así como se convirtió en la primera mujer en dar clases en la Universidad de París y asumió la cátedra que había pertenecido a Pierre.

Marie se consolidó entonces como una científica independiente, capaz de liderar su propio equipo y sus propias líneas de investigación. En 1911, alcanzó un logro sin precedentes: recibió el Premio Nobel de Química por el aislamiento del radio y el estudio de sus propiedades. Con ello se convirtió en la primera persona ,hombre o mujer, en obtener dos Premios Nobel en disciplinas científicas diferentes.
Ese mismo año, poco antes de recibir su segundo Nobel, Marie se presentó como candidata a la Academia de Ciencias de Francia. La votación fue muy ajustada, pero finalmente fue rechazada por 30 votos contra 28. Su condición de mujer y de extranjera pesó más que sus méritos científicos. Fue la primera vez que una candidata llegaba tan lejos, pero nunca volvió a intentarlo. Así, mientras el mundo reconocía su talento con honores internacionales, en su propio país se le cerraban las puertas de una de las instituciones más prestigiosas.
Como hemos podido ver no todo fueron honores. También en 1911, Marie se vio envuelta en un escándalo mediático cuando salió a la luz su relación con Paul Langevin, un físico casado y antiguo alumno de Pierre. Los periódicos sensacionalistas la atacaron con dureza, cuestionando su vida privada más que sus méritos científicos. La llamaron extranjera, oportunista e incluso inmoral. Fue un periodo amargo, pero Marie resistió. Su pasión por la ciencia estaba por encima de los juicios sociales.
Durante la Primera Guerra Mundial, lejos de refugiarse en el laboratorio, puso su conocimiento al servicio de la sociedad. Consciente de la necesidad de diagnósticos rápidos en el frente, impulsó la creación de unidades móviles de rayos X —conocidas como las “petites Curies”— que recorrieron los hospitales de campaña y ayudaron a salvar miles de vidas. Ella misma, junto con su hija Irène, se formó para conducir estas unidades y trabajar directamente con los heridos.
Tras la guerra, Marie fundó el Instituto del Radio en París y en Varsovia, centros que se convirtieron en referencia mundial para la investigación en radioactividad y en sus aplicaciones médicas. Allí se formaron generaciones de científicos, incluida su hija Irène Joliot-Curie, quien, como ya mencionamos en el artículo anterior, también recibiría el Nobel junto a su esposo. De esta manera, el legado de Marie trascendió incluso a su propia familia.
El precio de tanta entrega, sin embargo, fue alto. En una época en que la peligrosidad de la radiación era desconocida, Marie trabajó sin protección, manipulando sustancias radiactivas con sus propias manos y guardando muestras en frascos que brillaban tenuemente en la oscuridad. Años después, su salud se resintió. En 1934, falleció a los 66 años víctima de una anemia aplásica, causada probablemente por la exposición prolongada a la radiación.
Pero incluso más allá de su vida, los reconocimientos a Marie Curie se multiplicaron. Además de sus dos Nobel, recibió numerosos honores en vida: la Medalla Davy de la Royal Society en 1903, la Medalla Matteucci en 1904, la Medalla Elliott Cresson en 1909 y la Medalla Willard Gibbs en 1921. También fue nombrada miembro de la Academia Francesa de Medicina y se convirtió en referente de instituciones científicas de todo el mundo.
Con el paso del tiempo, su figura ha sido homenajeada de formas diversas. El elemento químico curio (Cm), descubierto en 1944, fue bautizado en honor a Marie y Pierre Curie. También la física inmortalizó su apellido: la unidad de medida de radiactividad el curie (Ci), definida inicialmente como la actividad de un gramo de radio-226, recuerda su papel esencial en el descubrimiento de la radiación. Actualmente esta medida no se utiliza en el SI, fue reemplazada por el becquerelio (Bq). Además, su nombre viaja por el espacio: el asteroide (7000) Curie y el cráter lunar Curie perpetúan su memoria más allá de la Tierra. Y en el ámbito académico, existen programas y becas internacionales —como las prestigiosas becas Marie Skłodowska-Curie de la Unión Europea— que apoyan a miles de investigadores cada año en honor a su legado.
En 1995, Marie Curie fue trasladada al Panteón de París, convirtiéndose en la primera mujer en reposar allí por méritos propios. Su nombre se asocia hoy con valentía, descubrimiento y perseverancia. Marie no solo abrió caminos en la Física y la Química, sino que también demostró que el talento y la pasión no entienden de género.
Para terminar os dejo una de sus citas: «Nada en este mundo debe ser temido, solo entendido. Ahora es el momento de entender más, para poder temer menos.» Estas palabras incitan a nuestra curiosidad y nos animan a no rendirnos en la búsqueda del conocimiento.
Ana Mª Gutiérrez Vílchez
Referencias (Parte I y II):
